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El poder de los alimentos funcionales

De la alimentación “Sin” a la alimentación “Con”. Cuando la industria se pone  del lado de la salud y aporta nutrientes a sus productos.

Con el paso del tiempo, la medicina nutricional realizó un gran avance: no solo había que comer para sobrevivir, sino que también había una relación entre lo que se comía y nuestra salud. Ya en el siglo V antes de Cristo, el griego Hipócrates, padre de la medicina moderna, había acuñado una frase célebre: “Que la medicina sea tu alimento, y el alimento, tu medicina”. Desde entonces muchos fueron los médicos que sostenían los beneficios preventivos de, por ejemplo, comer frutas y hortalizas.

Muchas personas siguen teniendo este concepto de la nutrición en la vida cotidiana. Un ejemplo es la mamá que le dice a su hijo que coma para tener más fuerza, pero hoy en día esta recomendación no es suficiente para sacar el mejor provecho de los alimentos.

La alimentación “Sin”

En las últimas décadas, se produjo una verdadera revolución alimentaria que significó un mayor acceso a alimentos procesados, ricos en grasas y azúcares. Las razones para comer cambiaron: no solo comemos porque tenemos hambre o para evitar la desnutrición, sino también porque nos gusta.

Claro que, cuando el placer es la principal razón para comer, hay otras razones que quedan de lado, entre ellas, la salud. Esto se ve en el caso de los chicos que eligen las gaseosas por encima de la leche y el agua; en la comida rápida que en un solo menú contiene grasa, azúcar y calorías para casi todo un día

Más alimentos con grasa, azúcar o sal, por un lado; más tentación y hambre hedónico, por otro. El resultado es la epidemia de obesidad y de enfermedades crónicas a las que asistimos en la actualidad.

En estas circunstancias, los esfuerzos de la nutrición ya no pueden limitarse a que las personas incorporen los nutrientes que faltan en su dieta como hace cuarenta o cincuenta años. Además, deben dirigirse a reducir o evitar la ingesta de aquellos nutrientes que en exceso dañan la salud. De esta manera, del concepto tradicional de alimentación, que consiste en aportar lo necesario para el funcionamiento del cuerpo, se pasó al de una alimentación “Sin”: sin grasa, sin azúcar, sin colesterol, sin sal.  La industria acompañó este cambio con productos light o dietéticos, que reducen el contenido de calorías o algunos de esos componentes.

Este cambio de enfoque hacia los alimentos “Sin” ─con menos componentes perjudiciales para nuestra salud─ es un primer paso importante para cuidarnos. Pero todavía podemos dar otro paso más para estar mejor y disfrutar de una vida más sana y de mejor calidad. Para eso, tenemos que ir más allá de este tipo de alimentos y pensarlos de otra manera.

La alimentación “Con”

Según este nuevo enfoque de la nutrición, los alimentos como las frutas, las verduras, la soja, los granos enteros, la leche y el pescado, entre muchos otros, contienen componentes que pueden resultar beneficiosos para la salud, más allá del aporte de nutrientes y energía. En otras palabras, al hablar en la alimentación “Con”, pensamos en los alimentos como una “medicina” para nuestro cuerpo, de la misma manera en que Hipócrates lo pensó hace 2500 años cuando reclamaba: “Que la medicina sea tu alimento, y el alimento, tu medicina”.

Si hasta aquí el desafío fue el de sobrevivir a una alimentación que nos “engorda”, ahora se trata de mejorar nuestra salud. En vez de pensar cuántas calorías, grasa o azúcar tiene un producto, tenemos que empezar a pensar cuáles son los beneficios específicos que tiene.

El estudio de los componentes de las comidas y sus efectos sobre el organismo dio pie a lo que se conoce como alimentos funcionales, es decir los que además de contribuir a la nutrición del organismo tienen algún provecho para la salud, ya sea para prevenir una enfermedad específica o para mejorar los mecanismos de defensa del cuerpo.

Los beneficios de los alimentos funcionales pueden obtenerse en forma natural, al comer con colores o sumar grasas “buenas” a nuestra dieta. Pero además, la industria alimentaria está desarrollando nuevos productos funcionales a los que modifica para agregar componentes que mejoren nuestra salud, o reemplazarlos.

 

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