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Alergias alimentarias: qué son y cómo tratarlas

Si tu bebé tiene más de seis meses seguramente empezó a comer. Tu pediatra te habrá sugerido que no le des chocolate ni frutilla hasta después del año y te habrá explicado que hay que tener cuidado con determinados alimentos, a los que hay que ir incorporando de a poco a sus dietas.

 

 

 

 

La Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) asegura que las alergias alimentarias son una condición cada vez más presente en los consultorios y uno de los tipos de alergias más frecuentes y por eso es necesario su detección temprana y tratamiento precoz.

 

Entre los menores de 1 año, se estima que el 5 por ciento presenta alguna alergia a los alimentos, lo que implica una condición que afecta considerablemente la calidad de vida del niño y de su familia, y hasta puede presentar episodios severos con consecuencias graves.

 

¡Tené cuidado! Si bien es poco frecuente, la alergia puede derivar en cuadros riesgosos, conocidos como anafilaxia, y es en esos casos en los que se debe proceder con urgencia para evitar complicaciones e inclusive la muerte.

 

Es importante saber que las alergias alimentarias son más frecuentes en menores de tres años y suelen provocarlas la leche de vaca, el huevo, el trigo y la soja. Entre adultos, en cambio, las originan sobre todo los frutos secos, el huevo, los mariscos, los pescados y el maní. Además, un estudio argentino demostró que en 10 años se triplicaron los casos de alergia a la proteína de leche de vaca.

 

Los alimentos que producen alergia son diferentes para niños y adultos y también pueden serlo los síntomas. Los chicos suelen presentar llanto persistente sin motivo aparente, erupciones en la piel, síntomas gastrointestinales como reflujo o cólicos y hasta sangrado en la materia fecal.

 

Si tu hijo tuvo alguna vez alergia alimentaria, es importante que lo informes a las autoridades de la escuela a la que concurre o a otros centros educativos. Si los docentes y compañeros conocen la condición de tu hijo, podrán estar atentos a las señales de alerta y eso será determinante para tratar un cuadro alérgico a tiempo. Ya en la adolescencia, hay que trabajar para que la alergia sea tomada como una situación normal para los amigos, de manera que no sea un obstáculo en la socialización.

 

Una de las alergias de mayor prevalencia en los más pequeños es la alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV). La padecen entre el 2 y el 3% de los menores de 3 años y afecta no solo su calidad de vida, sino su salud y su crecimiento porque cuanto más tarde se diagnostica y se trata la APLV, mayor es el riesgo de comprometer seriamente las curvas de crecimiento.

 

Algunos cuadros de APLV se originan por la presencia de un anticuerpo denominado IgE y tienen por característica provocar reacciones inmediatas luego de la ingesta. Estos casos suelen ser las más fáciles de diagnosticar y de tratar. En cambio, aquellos cuadros no mediadas por el IgE producen síntomas inespecíficos y de aparición mucho más tardía, por lo que es más complicado arribar a un diagnóstico, ya que no siempre responden a las pruebas de alergia.

 

Alimentos, la clave. El tratamiento para las alergias alimentarias comienza con la ‘dieta de exclusión’, que implica suprimir la ingesta del alimento sospechado de ser alergénico. Si se trata de sospecha de la leche de vaca y sus derivados y el chico todavía toma la teta, la mamá también debería suprimirlo.

 

 

Para reemplazar la leche de vaca se recomienda la incorporación de leches de fórmula especiales, aunque siempre bajo la indicación y supervisión del pediatra. Es importante saber que la provisión de estas leches está garantizada por la ley nacional n° 27.305, que establece que “las leches medicamentosas deben ser garantizadas a todas aquellas personas que las necesiten y cuyo cuadro patológico esté justificado por el pediatra o especialista” (esto es exclusivo para la Argentina).

 

Y para prevenir las alergias hay coincidencia en la importancia de la lactancia materna exclusiva  hasta los 6 meses de vida y su continuidad hasta los 2 años. Cuando el bebé empieza a comer se deberá cumplir minuciosamente con las pautas alimentarias que vaya proponiendo el pediatra.

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