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Bebés y primeros alimentos: ¿se terminó la era del avioncito?

 

Cuando tu bebé está próximo a cumplir seis meses se acerca el momento de incorporar alimentos a su dieta. Ya no será suficiente con darle la teta (o en su defecto, la mamadera), sino que habrá que procurarle nuevos alimentos, darle de comer (y después ¡limpiar!).

 

 

 

 

 

Esta etapa puede resultar desafiante y surgen muchas preguntas: ¿cuándo es momento de iniciarlo en la incorporación de sólidos?, ¿qué alimentos prepararle?, ¿cómo administrárselos? Acá presentaremos algunas ideas, pero siempre tenemos que tener en cuenta que se sigan las recomendaciones del pediatra y se le hagan a él las consultas, ya que conoce a tu bebé desde que nació y es él quien sabrá cuándo puede comenzar a comer y qué es lo mejor para que se inicie en el fascinante mundo de la comida.

 

Si bien los primeros alimentos suelen introducirse alrededor de los seis meses, todos los bebes son distintos y hay algunos indicios que los pediatras toman en cuenta para establecer que llegó el momento:

1) si ya no babea tanto como antes, quiere decir que ya aprendió a tragar su saliva y ya podría tragar alimentos;

2) si ya se sienta solito. Esto permite que esté en una buena posición para comer;

3) si demuestra interés por la comida cuando ve al resto de la familia comer;

4) si imita comportamientos relacionados con la alimentación;

5) si no empuja hacia afuera la comida cuando se la ofrecés. Este tal vez sea el más complicado de cumplir y no siempre se da con todos los alimentos.

 

Normalmente acudimos a papillas (que pueden ser industrializadas o caseras, sobre la base de cereales, de verduras o de frutas) y le damos el alimento en la boca. Esta manera tradicional de alimentarlos para una parte de la comunidad científica no logra que el bebé conecte con la comida e impide que la termine conociendo. Es un método rápido, limpio y seguro, pero ¿será la mejor manera de que se inicie en la alimentación o simplemente una forma de ahorrar tiempo y enchastres?

 

¡Llegó el momento!

 

Es ahí cuando surge la pregunta de cuál es la mejor manera de alimentarlo. Existe una corriente que en Estados Unidos se llama Baby Led Weaning (BLW), que no es otra cosa que apuntar a que el pequeño comience a comer por sus propios medios. Esto no implica que deje de tomar la teta o la mamadera, sino que vaya incorporando los alimentos con sus manos mientras continúa con la lactancia. A medida que crezca comerá más y tomará menos leche, pero en este período convivirán ambas ingestas.

Respecto del método, es importante saber que la idea es que el bebé coma más o menos lo mismo que el resto de los integrantes de la familia y en el mismo momento. Este punto contribuirá a que hagan de las comidas familiares un hábito. El bebé aprende mejor mediante la observación y la imitación. Cuando todos comen juntos y comen la misma comida, el bebé se siente incluido y la hora de la comida es una experiencia divertida en lugar de una batalla en la que un adulto intenta introducir obligadamente puré con una cuchara en la boca del bebé.

Lo primero que necesita es un lugar seguro para sentarse. Una sillita alta con mesita propia es una gran opción, pero sentarse en la falda de algún familiar puede funcionar, siempre y cuando a este adulto no le preocupe mancharse.

Lo siguiente que necesita son alimentos sanos y apropiados para agarrar con los dedos (el pulgar y el índice, generalmente). Al principio se le ofrecen sólidos una vez al día y se aumenta la frecuencia gradualmente a medida que el niño demuestre que quiere o necesita más. Hay que permitirle al lactante que manipule los alimentos con sus manos y se los lleve a la boca. Lo ideal son trocitos de los alimentos que coma habitualmente la familia, pero preparado de una manera adecuada al bebé, siempre que sea saludable, apropiada para su edad y sin condimentos.

Después de que pruebe, coma y se compruebe que no quiere más, se les puede ofrecer la teta o la leche de fórmula hasta que queden saciados. Es que, aunque no parezca, el bebé puede mostrar hambre y saciedad con gestos y es importante evitar forzarlo a comer.

Así el pequeño adquiere un rol más activo, favoreciendo que pueda regular las cantidades de alimento que ingiere y desarrolle sensaciones de saciedad. Esto, incluso, ayuda a prevenir el desarrollo de la obesidad y fomenta una mayor aceptación de los alimentos normales de la familia con una variedad de texturas y sabores y el desarrollo psicomotor.

La gran pregunta después de todas estas consideraciones es: ¿qué alimentos se le pueden dar? El pediatra hará una lista de permitidos y prohibidos (según la edad), sin embargo lo importante para esta etapa es que sean blandos, que se puedan manipular con la mano y ser aplastados por la lengua contra el paladar, como frutas y verduras cocidas (preferentemente al vapor para mantener sus propiedades nutricionales) y pasta seca bien cocida, pedacitos de carne o pollo bien cocidos e hígado y siempre tener en cuenta cuáles se deben evitar por el riesgo de atragantamiento, como frutos secos, zanahoria cruda, frutas con carozo, etc.

Las primeras experiencias pueden ser frustrantes, pero lo importante es ir incorporando el hábito. Obviamente esta técnica tiene sus contratiempos ya que los padres deberán tener paciencia y muchas ganas de limpiar después de cada comida, tanto al bebé como el lugar donde comió.

 

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