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Cómo conservar los alimentos para preservar sus nutrientes

Muchas veces llegamos del supermercado y guardamos los alimentos sin tener en cuenta cuál es la forma correcta para hacerlo. En esta nota, te contamos qué tenés que hacer para que nada pierda calidad.

 

El hábito típico: guardás las anchoas en la alacena y no en frío como corresponde, porque es considerada una semiconserva, o hiciste una picada y te sobró queso, el cual decidiste envolver en papel film en la heladera, ¡error! Esto favorece a su transpiración y, por consiguiente, el crecimiento de moho. A continuación, todo lo que tenés que saber para que puedas alargar la vida útil de los alimentos.

A temperatura ambiente

Algunas zonas de la cocina son más cálidas que otras y esto influye en el tiempo de conservación de algunos productos y su aspecto. El orden y la disposición de los alimentos no deben ser casuales:
• Los artículos de primera necesidad y de uso más frecuente deben colocarse al alcance de la mano y a la vista, preferentemente ordenados por grupos de similares.
• La leche larga vida sin abrir se conserva perfectamente en la alacena, al resguardo de la luz, al igual que la leche en polvo.
• Los aceites requieren un lugar oscuro. Deben quedar bien cerrados para que no se oxiden y se vuelvan rancios.
• El pan se conserva uno o dos días en una bolsa de tela. Se puede meter en la heladera dentro de una bolsa de plástico, aunque se endurece más rápidamente. También se puede congelar en una bolsa hermética.
• Los alimentos deshidratados y los productos secos, como arroz, pasta y frutos secos, se guardan a temperatura ambiente en sitios frescos y completamente secos, ya que si hay humedad se enmohecen. Una vez abierto su envase, se conservan mejor en recipientes herméticos.
• Las papas y otros tubérculos deben guardarse en un lugar bien ventilado y oscuro. Pueden conservarse más tiempo cubiertas de arena o tierra.
• Siempre que el envase esté cerrado, se conservan perfectamente en la alacena los encurtidos (cebollitas, aceitunas, pepinillos, etc.), las conservas de pescado, de carne o de vegetales, las salsas comerciales y los tarros de mermelada. Todos ellos, una vez abiertos, son perecederos y requieren refrigeración.
• Los embutidos enteros, como el chorizo o el salchichón y el jamón (entero o cortado en trozos grandes), se pueden mantener a temperatura ambiente.

En la heladera o el congelador

Los alimentos perecederos se deben guardar a menos de 10ºC.
Carne: su período de conservación depende del corte. En las piezas enteras, la superficie en contacto con el aire es menor que en la carne cortada o picada y la conservación es más fácil. Fresca, se conserva en la parte más fría del refrigerador (la más alta, el cajón de la carne), entre 3 y 5 días. Debe estar limpia y seca, en recipientes provistos de una rejilla para aislarla del jugo que se desprende o cubierta con un plástico adhesivo o papel de aluminio sin apretar.
Fiambres y embutidos, adobados y cocidos, o cortados en fetas: se guardan en recipientes cerrados en la heladera.
Pescado fresco: son los alimentos más perecederos que existen. Si el pescado se va a consumir en dos días, se debe colocar perfectamente limpio, en la heladera, aislado del resto de los alimentos, para evitar que les trasmita su olor, o en el congelador.
Huevos: no necesitan condiciones especiales de conservación, aunque el frío aumenta su vida útil. El calor del verano favorece el crecimiento de microorganismos, entre ellos, las salmonellas, por lo que se aconseja conservarlos en la heladera. El resto del año pueden mantenerse en la despensa, alejados de fuentes de calor y comprobando que no haya ningún huevo sucio, con restos de heces, plumas o roturas, porque pueden ser foco de contaminación.
Leche: una vez abierta, se debe consumir en 2 o 3 días y hay que conservarla en su propio recipiente o en una jarra bien tapada. Los yogures y la mayoría de los derivados lácteos (flanes, natillas, arroz con leche, etc.) deben estar refrigerados permanentemente.
Quesos: envolverlos en papel a prueba de grasa o guardarlos en un recipiente de plástico no hermético, para evitar que se resequen demasiado o se deterioren por enmohecimiento. El film transparente para envolver alimentos hace que el queso sude y favorece el crecimiento de mohos. Es conveniente guardar separados los distintos quesos para que no se produzca contaminación cruzada por moho y olores. Los más delicados son los frescos: se deben comprar lo más cerca posible de la fecha de elaboración, requieren siempre refrigeración y se deben consumir en 4 o 5 días. Los quesos curados duran días e incluso semanas.
Verduras, hortalizas y frutas frescas: colocarlas en lugares frescos y secos, protegidas de la luz, o en la parte menos fría de la heladera (el cajón de abajo). Es recomendable guardarlas en envases o bolsas de plástico agujereadas o envueltas ligeramente en periódicos.
Semiconservas: hay productos denominados semiconservas, como el jamón cocido, fiambres, anchoas en aceite, patés o ahumados, que siempre se han de guardar en frío, ya que, a diferencia de las conservas, no están esterilizados (sometidos a un tratamiento térmico que destruye todos los microorganismos). Ocurre lo mismo con numerosos productos envasados al vacío, proceso por el que se impide el crecimiento bacteriano. Algunos de estos productos se deben conservar en frío, como los ahumados, embutidos, quesos, etc. Otros pueden colocarse en estanterías a temperatura ambiente, como los frutos secos o el café.

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