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¿CÓMO HACER QUE LOS CHICOS COMAN FRUTAS?

Es una de las mejores opciones para incentivar una alimentación saludable en los chicos. ¿Qué pasa cuando no quieren comerla?, ¿cómo incluirla en su dieta?

 

 

 

 

La Organización Mundial de la Salud recomienda comer de dos a tres porciones de fruta por día.

Pero ¿cuántas veces nuestros hijos rechazan la fruta que les ofrecemos de postre? ¿Cuántas veces ni siquiera la prueban? Es así que entre esta recomendación y el “no me gusta” de los chicos hay un largo camino de frustración para los padres.

Como primera medida hay que tener en claro que cuánto antes se inicie a los chicos en el placer de comer fruta, más fácil será que  tengan este buen hábito durante toda la vida. Desde que los bebés incorporan alimentos a los seis meses de vida es recomendable incluir frutas y se puede probar con todas, salvo algunas excepciones específicas, como la frutilla y el kiwi antes del año de vida por probables alergias. Pisadas, ralladas, hechas compota o hasta en una especie de bolsas de tela para chupar que pueden entretenerlos durante un buen rato, las frutas son una excelente opción incluso cuando son tan pequeños.

Como siempre, lo importante es convencer a los chicos de que comer fruta es la mejor opción y para eso hay que tener en claro cómo ofrecérselas.

Primero y principal hay que “volver a la fuente”, la fruta debe estar a la vista y, si es posible, exhibida en el centro de la mesa de la cocina. Ante la pregunta: “Má, ¿qué puedo comer?” o “Pá, tengo hambre”, la propuesta siempre puede ser una rica fruta. Si tenemos la costumbre de hacer acopio de galletitas y que estén al alcance de los chicos… ellos van a elegir lo más rico (y procesado). Así, será difícil que el chico prefiera la fruta. Muchas veces los chicos no comen fruta no porque no les gusta, sino por la exagerada oferta de comida chatarra que tienen en casa.

Por otro lado, la única forma de que además de probarla lo incorpore como un hábito es que toda la familia siga el ejemplo y lo acompañe. No es necesario que lo haga de forma “real”. Quizás simplemente nombrándolas o pidiéndolas como postre una vez terminada la cena alcanza.

En algunos casos se puede poner en práctica el marketing interno y resaltar exageradamente el sabor o los beneficios de las frutas. Así como lo hace la industria alimentaria no es una mala práctica exagerar e inventar beneficios poderosos como la energía, inteligencia, inmunidad y destreza que genera la fruta en los niños. Por ejemplo: “si comes esta frutilla vas a correr el doble de rápido”. Una proposición como esta la escuchamos a diario en las publicidades de la tele y a nadie le sorprende. ¿Por qué no “vender” los beneficios de la fruta a nuestros hijos?

Como colación, acompañando una merienda o un desayuno, en la mochila de la escuela, como postre, mezcladas como ensaladas, combinadas con yogur y/o cereales y en licuados con agua o con leche, procesadas y convertidas en helados: las opciones son infinitas y cuántas más propuestas ofrezcamos, más posibilidades tenemos de tentar a los chicos con probarlas y luego incorporarlas a sus hábitos alimentarios.

La banana y la manzana son aliadas de los niños todo el año. Se pueden llevar a la escuela como colación, son fáciles de comer y suelen ser accesibles en precio. La naranja también puede conseguirse todo el año, es barata y muy preciada, especialmente en invierno por ser gran fuente de vitamina C (que ayuda a combatir resfríos). Eso sí ¡atención con los jugos naturales! Los exprimidos de cítricos suelen dejar afuera la fibra que tiene la fruta y se convierten en una gran fuente de calorías, ya que para hacer un vaso de jugo hacen falta al menos tres naranjas, lo que triplica la cantidad de calorías a la opción de comer una naranja entera.

Una de las más taquilleras es la frutilla, aunque no se consigue todo el año: su temporada es la primavera. Su color, su aroma y su sabor la convierten en la vedette de las frutas y suelen ser postre preferido de muchos chicos.

En verano el melón y la sandía son grandes aliados ya que aportan una gran cantidad de agua, en tiempos donde la ingesta de líquidos es fundamental.

También hay otras frutas un poco más complicadas por el trabajo que hay que hacer para pelarlas, como el ananá, el mango o el kiwi y que pueden generar resistencias por su tu textura. Pero si logramos vencer las primeras negativas, seguramente los chicos las incorporarán por lo ricas que son.

La fruta también se puede comprar enlatada y es una muy buena opción para consumirla de manera fácil todo el año. Se puede tentar a los chicos con algunos “disfraces” para que coman fruta como acompañada de helado, crema o dulce de leche. Siempre con mesura.

Es importante saber que, en el caso de ser posible, es recomendable comer la fruta con cáscara, ya que allí se encuentra la principal fuente de fibra.

Y como siempre recordamos: los niños actúan por imitación y el mejor ejemplo para los chicos se lo dan sus padres. Si queremos que coman frutas, no hay nada como que nos vean a nosotros comiendo frutas, llevándolas al trabajo para consumirlas como colación, incorporándolas en licuados o comiéndolas como postre, pero sobre todo disfrutándolas.

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