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Cuidados y recomendaciones para alimentarse en la playa

 

Todos los tips para saber cómo anticiparnos a las comidas en las vacaciones. Una dieta saludable es posible en cualquier destino: ¡mirá!

 

 

 

 

 

En general las vacaciones representan un cambio en la rutina de toda la familia y ni hablar si panificamos viajar a algún lugar. Se estima que en la mayoría de los casos las personas engordan en promedio unos 2 a 4 kilos y los chicos no están exentos de esta consecuencia.

Uno de los destinos más típicos de cualquier veraneante es la playa. Para pasar un día frente al mar se suelen llevar la reposera, la sombrilla, las toallas y, según el perfil del veraneante, un poco de dinero para comprarse un pancho sin planificación alguna o un sinfín de alimentos cargados en calorías que, en algunos casos, ni siquiera llega a cubrir las necesidades nutricionales del día.

Un día de playa significa exponerse a una variada cantidad de tentaciones con alimentos altos en calorías, sodio y grasas. Y con la excusa de las vacaciones uno se da rienda suelta para comer todos esos alimentos y no duda en brindarle la mayor cantidad de gustos a los más chicos. Nadie niega la posibilidad de darse un gusto de vez en cuando, pero no debería ser todos los días ni a toda hora. Por eso, si queremos no volver a casa con kilos de más, hay que tomar recaudos.

La planificación

En primer lugar, debemos planificar en qué lugares vamos a comer y qué acceso a la comida tendremos en nuestro lugar de destino. Por eso ante la duda o los altos costos de los restaurantes y la inevitable compra a los vendedores ambulantes (queque suelen ser más accesibles, pero de menor calidad), es recomendable intentar llevar comida saludable desde el lugar en el que estemos alojándonos. Y para eso existe una gran aliada: la heladerita conservadora o en su defecto un bolso térmico en el que puede ponerse hielo para conservar alimentos frescos. Esto es fundamental ya que no solo hablamos de ahorrarnos calorías: con las altas temperaturas suele perderse la cadena de frio de los alimentos y es muy posible padecer una intoxicación. Además, dada la importancia de hidratarse, ¿qué mejor que llevar una gran cantidad de bebidas frías para tener libre acceso a líquidos durante todo el día?

Los chicos son especialmente susceptibles a la deshidratación y a las intoxicaciones, así que en función de sus necesidades, cuidar la cadena de frío y tener siempre bebidas frescas disponibles para ellos son una excelente decisión.

“Lloren, chicos, lloren”

Llevar nuestra propia comida nos ayudará a evitar comprar en los puestos de la playa o a los vendedores ambulantes. Churros, facturas, helados, gaseosas azucaradas. Todo se vocea frente a nuestros ojos y, si tenemos hambre y sed y no contamos con alimentos y bebidas propios, estamos más propensos a aceptar las ofertas. En los puestos de la playa suelen venderse también licuados (que aunque se hacen con frutas frescas suelen tener grandes cantidades de azúcar); choclos con manteca; rabas; panchos; papas fritas y otros calóricos etcéteras.

Dentro de la heladera o bolso térmico se pueden llevar sándwiches saludables de pan integral con atún o fiambres y quesos magros con tomate y lechuga y aderezos light (que se recomienda agregar en el momento de comerlos), tartas, empanadas y ensaladas, todo bien embalado para evitar que se llenen de arena. Además de colaciones como yogures bebibles, postrecitos para los chicos (hay versiones light que tienen las mismas calorías que una manzana), frutas, y agua bien fría y gaseosas o jugos light.

A la hora de la merienda, la tradición indica que se comparte algo rico en ronda, muchas veces acompañado por el mate. Pero el problema es que eso rico que se comparte suelen ser churros, facturas, galletitas dulces o bizcochitos salados. Un churro relleno tiene 190 calorías; una medialuna, 125; una galletita dulce rellena, 47 y un bizcochito de grasa, 25.  Y si el mate se toma con azúcar se pueden incorporar hasta 180 calorías por termo. Es por eso que para la merienda se recomienda optar por las vainillas (que tienen 55 calorías por unidad), las barritas de cereal (que tiene desde 70 calorías la unidad) y las galletas de arroz, que además de poseer bajísimas calorías (30 la unidad grande), ahora vienen dulces y saladas y con varias opciones de sabor (los chicos suelen incorporarlas rápidamente si se las ofrecemos en lugar de las tradicionales galletitas). El mate es aconsejable tomarlo amargo o con edulcorante y como bebidas recurrir al agua o a los jugos y gaseosas light, que son siempre una buena opción.

Si vamos a los puestos o al parador, también hay recomendaciones: si elegimos el licuado, pedirlo con edulcorante ya que un licuado frutal con agua y edulcorante aporta tan solo 50 calorías. Si pedimos rabas, compartir el plato con al menos otros dos comensales ya que una porción chica puede tener hasta 550 calorías. Si optamos por un sándwich que sea en pan árabe o integral con fiambres magros y/o verduras. Si nos tentamos con un choclo, no le pongamos manteca.

Las mismas apreciaciones corren para los chicos que también en vacaciones suelen comer más alimentos poco saludables de lo habitual y son más vulnerables a los estímulos externos. Quién no ha rogado que el heladero pase lejos nuestro para que los niños no lo escuchen y no reiteren el pedido de helado número 20 de la jornada…

Un dato de color

Una opción que traerá doble beneficio es la de consumir verduras y frutas anaranjadas (como la zanahoria o la naranja) que aportan betacaroteno, ya que estamos muchas horas expuestos al sol. Además de aportar pocas calorías ayudan a prevenir el envejecimiento prematuro y combatir los problemas dérmicos, favorecen el bronceado porque estimulan la formación de melanina, sustancia responsable del color de la piel.

En fin…

Nadie puede asegurar que no nos tentaremos con alguno de los clásicos de la playa, pero si varios de ellos se reemplazan por opciones saludables y se aprovechan las extensas playas para dar una caminata, al menos estamos más cerca de lograr no volver de las vacaciones con kilos de más.

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