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Dormir bien, una clave para evitar la obesidad

Los chicos que duermen menos de la cantidad de horas de sueño recomendadas para su edad corren un mayor riesgo de desarrollar obesidad. Enterate las razones y mejorá los hábitos en tu casa.

 

 

 

 

Niños que siguen despiertos aún cuando los padres están rendidos, chicos que se pasan a la cama de los padres en la mitad de la noche, chicos que se despiertan al alba y pretenden que sus padres arranquen el día con ellos aún en fin de semana. Chicos fastidiosos, caprichosos, cansados, que se duermen en la mesa antes de terminar de cenar o, peor, en clase. Estas son algunas de las consecuencias de cuando nuestros hijos no duermen bien o no duermen lo suficiente.

Científicamente comprobado. Una investigación de la Universidad de Warwick (Reino Unido), titulado “La duración del sueño y la incidencia de la obesidad en bebés, niños y adolescentes”, incluyó un total de 75.499 participantes.

Los participantes se dividieron en dos grupos: los que dormían poco y los que estaban dentro de lo recomendado, basándose en las pautas de la National Sleep Foundation de Estados Unidos, que recomienda que los bebés de 4 a 11 meses duerman entre 12 y 15 horas; que los niños de 1 a 2 años duerman de 11 a 14 horas; los niños entre 3 y 5 años entre 10 y 13 horas; y los niños entre 6 y 13 años entre 9 y 11 horas. En adolescentes se aconseja dormir por lo menos 8 horas, pero lo ideal es que duerman 10.

Tras ser monitoreados durante tres años, en los que se analizó el Índice de Masa Corporal (IMC) de cada participante, los que durmieron poco engordaron más y, a grandes rasgos, tuvieron un 58 por ciento más de probabilidades de presentar sobrepeso u obesidad.

Y por supuesto, a toda estadística sobrevine la pregunta: ¿por qué? Y la respuesta es la siguiente: los niños que duermen poco tienen más probabilidades de desarrollar sobrepeso u obesidad porque dormir menos horas de lo recomendado produce desequilibrios hormonales que van a generar un aumento del apetito y, al mismo tiempo, el cansancio por dormir mal dificulta la realización de actividad física.

Es por eso que en cada familia se recomienda instaurar una higiene del sueño que contribuya a mejorar la calidad y la cantidad de horas que duermen nuestros hijos:

* Establecer una serie de rutinas asociadas con el irse a dormir. Esto favorece que el niño se “acostumbre” (o condicione usando el término técnico) a dormir a determinada hora. Pueden ser rutinas fijas como bañarse, cenar, leer un cuento o irse a la cama más o menos a la misma hora. Si se repite esta rutina todos los días, cuando se realizan esas tareas el niño ya anticipa lo que sigue y comienza a sentir sueño. No es necesario tener un toque de queda ni manejarse con un régimen militar, pero sí es recomendable mantener la rutina todos los días, en horarios similares y dejar las “excepciones” para cumpleaños, fiestas o salidas. Y, aunque no parezca, esta rutina les será útil el resto de sus vidas y los acompañará siempre.

* Acondicionar la habitación de tu hijo. El lugar donde transcurre el sueño es un factor importante. Dormir siempre en la misma habitación, con agradable temperatura, poco ruido y comodidad favorecerán la inducción del sueño. Lo ideal es que duerman con la luz apagada, pero, si el chico tiene miedo, puede optarse por uno de esos pequeños veladores nocturnos.

* Evitar el uso de pantallas en la habitación. Las pantallas de los dispositivos como computadoras, consolas de juegos, tablets o smartphones emiten una luz azul que afecta a los ciclos del sueño.

* No realizar actividades antes de dormir en la habitación. El niño tiene que asociar que su habitación es donde él duerme por las noches y, aunque también practique, juegue, lea o estudie en su cuarto, no debería hacerlo durante la noche, antes de dormir.

* No hacer actividad física en las dos horas previas a ir a la cama, ni ingerir alimentos con alto contenido en azúcar e hidratos, ya que ambas dejarán excitado a tu hijo por un buen rato, por lo que se le dificultará conciliar el sueño.

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