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Fortalecé tu sistema inmunológico

 

 

 

 

Las abuelas dicen que “la mejor farmacia es la verdulería”. Esto no quiere decir que ante una enfermedad grave vamos a recurrir al perejil para curarnos, pero sí es importante saber que muchos alimentos pueden colaborar para evitar enfermarnos y, por lo tanto, también evitar tener que tomar medicamentos.

Ya no es novedad que llevar una dieta balanceada, que incluya vegetales, frutas y otros productos naturales, es la mejor manera de proveer al sistema inmunológico de las vitaminas y minerales que necesita para mantenerse fuerte.

A la hora de pensar en fortalecer el sistema inmunológico hay que saber por qué bajan las defensas: principalmente sucede por “ataques” externos que todos (y especialmente los chicos) padecen día a día: el frío, los cambios bruscos de temperatura, las insolaciones, la exposición a virus y bacterias en guarderías, jardines, escuelas y plazas, etc. Por eso, si tus hijos no tienen un sistema inmunológico fortalecido cualquier patógeno externo puede provocar una enferemdad.

Bebé sano, mamá feliz. Durante sus primeros meses de vida, un bebé tiene los anticuerpos que recibió por la placenta y después por la lactancia materna. Podríamos decir que estas defensas son “prestadas”, pero poco a poco y con la ayuda de las vacunas, el sistema inmunológico de un bebé tiene que desarrollarse por sí mismo.

A partir de los seis meses el bebé comenzará a comer y los alimentos pueden colaborar con ese fortalecimiento de sus defensas. Las frutas y verduras son grandes aliadas. Eso sí: realizá una buena limpieza antes de consumirlas, sobre todo si vas a dárselas crudas o con cáscara. Es importante que los niños coman frutas y verduras crudas ya que muchas vitaminas se degradan con la cocción.

Además de estas recomendaciones generales, hay algunos alimentos específicos que pueden colaborar con el fortalecimiento del sistema inmunológico.

El yogur: este alimento tiene probióticos, también conocidos como “bacterias buenas”, que son microorganismos vivos que, cuando se administran en la cantidad adecuada, son capaces de regular la respuesta inmune, y así lo asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés). Los probióticos tienen varios beneficios para los seres humanos, entre ellos la prevención de resfríos, y también ayudan a prevenir infecciones vaginales y del tracto urinario y aceleran la recuperación de ciertas infecciones intestinales, como el síndrome del intestino irritable.

Los moluscos: cuando tu pediatra te habilite, tratá de incorporarlos a la dieta de tu hijo. Estos animales marinos contienen zinc, un elemento esencial para las células del sistema inmunológico. Cuando en el cuerpo humano existe una deficiencia de este mineral, las células T (o linfocitos), que coordinan la respuesta inmune celular, dejan de funcionar como es debido. La cantidad de zinc recomendada diariamente para las mujeres se encuentra entre 4 y 7 miligramos y para los hombres entre 5 y 9 miligramos.

Ajo: A partir de distintos estudios se comprobó que el ajo tiene propiedades que permiten combatir las infecciones, las bacterias, los virus y los hongos. Además, posee una variedad de antioxidantes que ataca a los “invasores” del sistema inmunológico. Y, aunque faltan más investigaciones científicas que lo corroboren, se encontró un vínculo entre la frecuencia en el consumo de ajo y cebolla y un riesgo menor en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer.

Cereales: Varios estudios científicos sugieren que la deficiencia de vitamina B6 (que se encuentra en la avena, el germen de trigo y el arroz) disminuye la respuesta del sistema inmunológico. Los cereales y también la carne, el pescado, las castañas, el queso y el huevo poseen además selenio, que mejora las defensas, disminuye enfermedades infecciosas en ancianos y ayuda a la recuperación de los niños con infecciones en el tracto respiratorio.

Los cítricos: Consumir frecuentemente naranjas, mandarinas o pomelos ayuda a que los resfríos duren menos tiempo y, además, sus síntomas sean menos severos. Los beneficios de la vitamina C son conocidos por todos, pero no está de más recordarlos: es importante para la formación de proteínas que se usan en la piel, los tendones, los ligamentos y los vasos sanguíneos y ayuda a la cicatrización de heridas y a la reparación de cartílagos, huesos y dientes. Además, si tu hijo en los meses de invierno va a realizar actividades físicas exigentes o va a estar expuesto a frío intenso, es importante que sepas que el consumo de vitamina C disminuye a la mitad la posibilidad de contraer un resfrío. Eso sí: una vez que te resfriaste o te engripaste, la vitamina C no tiene efectos terapéuticos.

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