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La huerta en casa, ideal para que  los chicos coman verduras

 

 

 

 

 

Los niños que cultiven vegetales querrán probar el fruto de su propio trabajo. Y como si esto anterior fuera poco, también nos permitirá un espacio distinto de conexión entre padre e hijo que tal vez sea difícil de igualar en otro ámbito. No hay edad para que los chicos se inicien en esta tarea, pero lo recomendable es que se sumen a partir de los tres años cuando ya tienen mejor motricidad y es justo el momento en el que los chicos comienzan a negarse a probar  determinados alimentos.

Cosechá en tu casa

Hacer la propia huerta es más sencillo de lo que parece. En principio, hay que determinar dónde vamos a plantar, si hay un jardín: ¡perfecto! Pero si no lo hay, la técnica de huerta en macetas reemplaza muy bien la falta de tierra firme.

En una terraza, en un patio, incluso en un pequeño balcón de cualquier centro urbano se puede cultivar. Y a veces con una sola maceta ya puede verse la magia de cultivar.

Cuando hayamos decidido dónde colocamos el huerto, entonces vamos por un calendario de siembra que nos provea los momentos correctos para colocar los plantines o semillas y verificamos las necesidades de suelo, sol y riego que tiene cada planta. Hay numerosos sitios en Internet en donde se pueden conocer las necesidades de cada cultivo.

Con el lugar y las semillas/plantines sólo queda involucrar a los chicos. Si es en tierra, con la pala y el rastrillo preparando los surcos. Si es en maceta, llenando los recipientes con el sustrato. Todo muy divertido, pero cuidado que puede ser físicamente muy cansador y frustrar a nuestros pequeños horticultores. Por este motivo, el trabajo grueso lo deben hacer los adultos.

Manos a la obra

La siembra y el trasplante de los plantines representan el momento mágico en el que iniciamos el milagro de la creación y esto no se racionaliza: se vive, se siente. Con esa semillita va nuestra esperanza y nuestra confianza en que la vida se reproducirá. De todos modos, no está de más recordarle: “¡Dentro de poco vamos a comer ensalada de la huerta!”.

En la etapa del crecimiento hay que manejar las expectativas y la ansiedad. Dependiendo de la planta, la cosecha puede llegar en dos meses, en cuatro o más. El proceso es largo y lento, por eso, lo ideal es combinar cultivos de ciclo corto con otros de ciclo largo para ir teniendo novedades y recompensas más o menos cercanas.

La mejor manera de entusiasmar a los chicos en el proceso es generar el pequeño rito diario de visitar la huerta, para regar, desmalezar e ir teniendo el pulso del cultivo. En el caso de ser una planta única también podemos ir llevando un diario de crecimiento o sacar fotos del proceso Pero atención que, si bien siempre hay estímulos, también puede haber frustraciones cuando algún plantín no prende, la mascota arranca alguna planta o nos atacan las plagas.

Ahora bien, después de embarrarse las manos y peregrinar durante meses al sector de cultivo, llega el momento de la cosecha. La recompensa más dulce. Para ese momento, no olvidarse de la foto histórica de los chicos comiéndose el primer tomate, la primera lechuga o lo que se haya plantado.

Veremos con alegre sorpresa que ninguno se quiere perder la experiencia de consumir alimentos que se generaron autónomamente, sin agrotóxicos ni añadidos sorpresa. Que aquella zanahoria tan resistida, cuando venía de la verdulería, es aceptada velozmente porque es de la huerta.

Y en el medio de esa experiencia tan ancestral como entrañable, los chicos terminan consumiendo verdura por decisión propia.

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