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Máquinas expendedoras saludables: ¿son posibles?

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Han estado en la mira y hasta fueron prohibidas en colegios de muchos países. Pero bien utilizadas pueden ayudar a visibilizar opciones que para muchos chicos pueden ser desconocidas o que no entran entre las posibilidades de una colación o una merienda.

 

 

 

 

La obesidad es una enfermedad creciente en el mundo y el aumento es aun mayor entre los niños. Esto es muy preocupante ya que está asociada con un sinfín de enfermedades que pueden aparecer con el correr de los años, como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, problemas osteoarticulares, asma y también trastornos sociales, como la baja autoestima, la discriminación, deserción escolar y hasta la depresión.

Los principales factores de obesidad en los chicos están relacionados con el sedentarismo y el consumo de bebidas azucaradas y alimentos con alto contenido calórico. Las máquinas expendedoras han estado en la mira de toda campaña de alimentación saludable y hasta fueron prohibidas en colegios de muchos estados de Norteamérica y otros países. La oferta de alimentos poco convenientes se encontraba al alcance de la mano de los niños y sin supervisión alguna.

Pero es posible resignificarlas a favor de la salud. Es por eso que padres, educadores, médicos y principalmente el Estado, tomando en consideración las tasas de obesidad, reconocieron la importancia de diseñar, promover e implementar (dentro de lo que a cada uno le corresponda) políticas para evitar el sedentarismo y fomentar la alimentación saludable.

Muchos países hacen intentos de legislar en favor de estas políticas y hasta hay diseños específicos para las escuelas, de manera de asegurar que dentro de los establecimientos escolares haya garantías para acceder a alimentos saludables y debidamente identificados por quienes van a consumirlos.

Es entonces cuando las máquinas expendedoras aparecen como una muy buena alternativa. Si el director de una escuela decide poner este tipo de máquinas en los pasillos, puede contratar profesionales de la salud que elijan qué tipo de productos disponer y, además, poner carteles indicadores de qué tipo de alimento se trata.

Esto sería especialmente útil en el caso de productos específicos como los aptos para celíacos, diabéticos o vegetarianos, que podrían estar bien señalizados y evitar así que los chicos se confundan. También puede optarse por señalar qué productos tienen gran cantidad de calorías y hasta disponerlos de determinada manera en la vidriera, para que los saludables queden mejor posicionados a la vista de los pequeños.

Pero además, las máquinas expendedoras pueden ayudar a visibilizar opciones que para muchos chicos pueden ser desconocidas o que no entran entre las posibilidades de una colación o una merienda. Frutas secas envasadas, barras de cereal, galletas de arroz saborizadas son sólo algunas alternativas que podrían incorporarse a la dieta de los niños si las tienen a su alcance. Si las máquinas son además heladeras, también pueden venderse yogures, postres lácteos descremados y bebidas y jugos light.

Resumiendo, todo lugar donde haya chicos circulando debería tener en venta productos saludables y las máquinas expendedoras son una buena opción. Como padres, deberíamos elegir ese tipo de lugares para que concurran nuestros hijos y, en caso de que los lugares que frecuenten no tengan opciones saludables, solicitarles que las incorporen.

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