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¿Por qué los chicos prefieren la comida poco saludable?

 

 

 

 

¿Alguna vez te preguntaste por qué es tan difícil que los chicos coman verdura? Ese rechazo tiene sus raíces en una gran cantidad de factores más complejos que la respuesta que ellos dan de que no les gusta la comida verde.

En los primeros 2 años de vida (cuando se está aprendiendo permanentemente) es el momento en el que se forman las preferencias alimentarias. Algunas de estas preferencias son innatas (como el rechazo a lo amargo o ácido o el gusto por lo ligeramente dulce), pero la mayoría son aprendidas y afectan directamente el comportamiento alimentario, que, a su vez, está relacionado con la salud general, el bienestar y la posibilidad de desarrollar obesidad. No solo la comida “rica” o poco saludable es la responsable de generar sobrepeso. Se ha encontrado una estrecha relación entre la cantidad de variables de alimentos y el desarrollo de obesidad.

Desde hace años, la industria de alimentos y bebidas junto con la ausencia de políticas de Estado que promuevan una mejor alimentación fomentan el desarrollo de preferencias alimenticias poco saludables en niños de todas las edades a través de diversas técnicas de marketing y publicidad. Si a esto le agregamos la sobreutilización de alimentos cómodos y rápidos de preparar por los padres, la ecuación impacta siempre en la salud de nuestros hijos.

En Estados Unidos, por ejemplo, la industria de comida rápida gasta casi 5 millones de dólares al día en publicidad de productos con alto contenido de azúcar, grasa y sal, pero también sugiere tamaños de porción enormemente desproporcionados a las necesidades de energía de un niño. Cada vez más, las empresas de comida rápida asocian sus productos a juguetes, muchas veces de personajes de las principales películas infantiles, lo que se traduce en un inmediato imán para los más chiquitos. Sorprendentemente, los estudios demuestran que incluso los niños muy pequeños expuestos a publicidad persuasiva pueden desarrollar antojos de alimentos no saludables que ni siquiera habían probado. Esto tiene una consecuencia directa en la formación de preferencias alimenticias potencialmente nocivas que continuarán toda la vida y que están asociadas con el desarrollo de la obesidad y todo lo que conlleva.

La publicidad de alimentos para los niños en los medios no está regulada en la mayoría de los países, lo que implica que los chicos siguen estando muy expuestos. La publicidad se difunde en múltiples plataformas y los anuncios llegan a través de la televisión, los servicios de streaming, los videojuegos, las redes sociales y la mayoría de los sitios web de Internet. Esta es una de las muchas razones por las que las asociaciones de pediatría de muchos países recomiendan evitar el tiempo de pantalla antes de los dos años de vida (a excepción del video chat con sus seres queridos).

Aunque las preferencias alimenticias pueden desarticularse, esta es a menudo una tarea monumental a medida que envejecemos. Pero si se ponen en práctica los siguientes consejos, puede existir una manera de torcer la voluntad de lo que otros les proponen a nuestros hijos como alimentos.

  • Elegir programas y aplicaciones de alta calidad y supervisar la presencia de publicidades poco convenientes. Para los niños de 2 a 5 años, la estrategia está en compartir al menos un par de horas semanales de tv junto con ellos y conversar sobre las publicidades y slogans que salen de la TV y quitarles el aura de alimentos mágicos que la industria les confiere. Es importante tratar de contrarrestar el poder de la publicidad sobre las preferencias alimentarias de nuestros hijos, enseñándoles a desarrollar el espíritu crítico sobre lo que los anuncios quieren vender y ofreciéndoles opciones a los productos procesados, como fruta y verdura fresca.
  • Participarlos en la preparación de las comidas caseras y elección de alimentos saludables a la hora de la compra ayuda bastante, pero quizás lo que más pueda influenciar las referencias de nuestros hijos es el “marketing interno”. En casa se debe celebrar cualquier ingesta de alimento saludable. Aún más si el niño recién lo está incorporando. Al igual que hace la industria confiriéndole poderes mágicos a sus alimentos, nosotros también podemos incluir nuestro propio estilo de publicidad, promoviendo y exagerando los beneficios para la salud de los alimentos que la TV posterga. Decirle a un niño que la espinaca da fuerzas o que la zanahoria le va a permitir ver más lejos no excede las reglas de juego que propone la publicidad alimentaria de hoy en día. Decirles que si comen frutilla correrán más rápido o que incorporar manzana los hará más inteligentes es totalmente verdad, aunque no es tan absoluta si nos ponemos a pensar todas las otras cosas que suman a tener una excelente salud.
  • Sonreír a la hora de compartir alimentos, exagerar el sabor riquísimo cuando los comemos frente a ellos y evitar comentarios negativos como “¿otra vez sopa?” o “qué bajon la ensalada”. Ellos nos observan e imitan así que todos debemos comer saludable si queremos que ellos lo hagan.

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